La sobrecarga digital puede debilitar la vigilancia y facilitar las manipulaciones, según un análisis dedicado al tecnostress y a la soberanía cognitiva, firmado por Eric Farro, experto en Orange Group, y reproducido por ZATAZ. El tecnostress, es decir el estrés vinculado al uso intensivo de herramientas digitales, se une así a los factores humanos que la ingeniería social, que busca llevar a una persona a adoptar un comportamiento preciso, explota para provocar una decisión arriesgada.
La sobrecarga prepara el terreno para la manipulación
Una notificación interrumpe una búsqueda, otra impone cambiar de aplicación, un mensaje exige una respuesta inmediata y una alerta técnica espera una validación. Cada una de estas solicitudes puede parecer justificada. Sin embargo, su acumulación fragmenta el razonamiento y complica la jerarquización de prioridades.
Eric Farro describe un desequilibrio entre las capacidades cognitivas humanas y entornos de información que solicitan constantemente a sus usuarios. La memoria de trabajo, que retiene temporalmente la información necesaria para una tarea, conserva una cantidad limitada de elementos. La atención selecciona los que serán procesados. Cuando las demandas superan estos recursos, la comprensión de la situación puede degradarse.
Este límite afecta directamente al ámbito de la ingeniería social. El cibercriminal busca obtener una información, la apertura de un documento, la aceptación de una conexión o la ejecución de una operación. Para lograrlo, puede apoyarse en la fatiga, la urgencia y la dificultad de verificar varios elementos a la vez. El canal de aproximación sigue siendo un correo electrónico, una llamada, un mensaje o una interacción física, mientras que la sobrecarga crea las condiciones en las que el pretexto se vuelve más eficaz.
El análisis toma como ejemplo un escenario ilustrativo: una persona recibe varias solicitudes presentadas como prioritarias, y luego un interlocutor que se hace pasar por el soporte informático le propone «resolver el problema». La promesa de recuperar un funcionamiento normal puede favorecer una validación precipitada. Este caso describe un mecanismo posible y no corresponde a un incidente reportado en el análisis.
La prevención, por lo tanto, también concierne a la organización del trabajo. Un procedimiento de verificación debe seguir siendo viable durante un período cargado, ya que si cada control añade una dificultad desproporcionada, la tentación de acortar el proceso aumenta. Las interfaces, los circuitos de validación y la gestión de interrupciones participan así en la resistencia a las manipulaciones.
La automatización desplaza la presión y los riesgos
Los agentes autónomos, sistemas capaces de encadenar solos ciertas operaciones, pueden asumir una parte del trabajo. El ser humano se convierte entonces en supervisor de decisiones o acciones cuyas etapas ya no sigue necesariamente todas. Eric Farro subraya que esta evolución transforma la carga cognitiva sin garantizar que disminuya.
El supervisor debe comprender los resultados, detectar las anomalías y saber cuándo intervenir. Una automatización habitualmente fiable puede, sin embargo, reducir la vigilancia activa. Cuando ocurre un evento inusual, es necesario reconstruir rápidamente el contexto y decidir bajo presión, situación en la que un interlocutor malintencionado podría invocar una falla de la herramienta, una excepción urgente o una validación presentada como indispensable.
Algunas tecnologías también intentan estimar la fatiga o la carga mental. El análisis menciona, entre otras, la pupillometría (medida de las variaciones del tamaño de la pupila), la variabilidad de la frecuencia cardíaca, la actividad electrodermal (variaciones de la conductancia de la piel) y ciertas características de la pulsación del teclado. El objetivo previsto es adaptar la asistencia, simplificando la información, modificando el reparto del control o poniendo un sistema en seguridad. Surge de inmediato una pregunta: ¿quién puede acceder a estas estimaciones de vulnerabilidad y con qué fines?
Eric Farro también describe un riesgo teórico para los centros de supervisión. Un actor que controla tanto el flujo de alertas como la estimación del estado cognitivo de los analistas podría intentar provocar una saturación en el momento oportuno. La protección, por tanto, recae sobre los datos recopilados, las inferencias producidas y las acciones que pueden derivarse. El procesamiento local, la limitación de la centralización y la separación de usos figuran entre las vías examinadas.
