Los debates sobre la inteligencia artificial suelen centrarse en lo que cambiará dentro de diez años. Sin embargo, según el autor de esta tribuna, la IA ya está transformando el trabajo diario, y las empresas no avanzan todas al mismo ritmo, lo que está creando brechas importantes.
Las preguntas habituales se refieren a los oficios amenazados, los límites de la automatización o el mundo laboral en un horizonte de diez años. Estas cuestiones son legítimas, pero pueden hacer olvidar lo que está en juego hoy. De una empresa a otra, el nivel de aprendizaje de la IA y su integración en las tareas cotidianas varía enormemente. Algunos empleados apenas descubren los chatbots, esos asistentes conversacionales, mientras que otros despliegan sistemas autónomos capaces de aprender de sus errores. Otros incluso utilizan varias herramientas de IA con sus cuentas personales, a veces sin ser conscientes de los riesgos relacionados con compartir datos confidenciales de su empresa.
El peligro, según el autor, radica en la brecha que se está abriendo entre las empresas capaces de establecer rápidamente un marco para integrar la IA como una herramienta de trabajo y formar a sus equipos, y aquellas que no lo harán, o lo harán demasiado tarde.
Actuar desde ya
La carrera por la innovación se acelera, y cada día amplía los límites de nuestras capacidades y conocimientos. En este contexto, cada empresa debe definir su propia estrategia de adopción de la IA: identificar los usos que aportan un valor real, elegir las herramientas adecuadas y establecer reglas claras para su utilización. Los responsables informáticos y sus equipos tienen un papel importante que desempeñar. Las empresas que carecen de competencias internas pueden recurrir a especialistas externos, siempre que luego transmitan ese conocimiento a los equipos para ganar autonomía.
Esta inversión debe permitir construir bases sólidas, acelerar a largo plazo la productividad y preparar nuevas palancas de valor. El autor resume así el contexto: un mundo donde «tu abuelo puede crear un sitio web complejo gracias a Claude en unas pocas horas».
Formar en IA
Más allá de la estrategia, la formación de los empleados constituye un desafío central. Ignorar la IA equivaldría, según el autor, a permanecer «analfabeto frente a esta revolución tecnológica». Las empresas tienen una responsabilidad hacia sus equipos: darles los medios para mantenerse productivos, preservar su empleabilidad y desarrollar sus habilidades gracias a las herramientas adecuadas, al tiempo que les enseñan a utilizarlas respetando las normas de seguridad.
La formación también permite prevenir una parte importante de los riesgos de confidencialidad. Muchos datos se comparten hoy con herramientas externas, a veces sin que los empleados sepan realmente qué pasa con ellos ni quién puede acceder a ellos. ¿Qué pasaría si personas malintencionadas se hicieran con datos financieros o estratégicos? La pregunta está planteada, y la sensibilización de los equipos aparece como la respuesta a privilegiar.
Mantener a los empleados en el centro de las decisiones
Una vez que los empleados están formados y se conocen las reglas, se abren nuevas perspectivas. Un estudio de METR (Model Evaluation and Threat Research) indica que la duración de las tareas que los agentes de IA pueden realizar de manera autónoma históricamente se ha duplicado aproximadamente cada siete meses. Sin embargo, estos avances solo benefician a las empresas si saben identificar las tareas para las que la IA aporta un valor real.
Por lo tanto, los empleados deben permanecer en el corazón de los procesos de verificación y decisión. A medida que progresan las capacidades de la IA, su discernimiento gana importancia. Las empresas deben aprender a reconocerlo, valorarlo y reclutar perfiles capaces de ejercerlo. Es, según el autor, la capacidad de reflexionar, tomar distancia y mostrar juicio lo que ahora marca la diferencia.
