Desde julio de 2026, el reglamento europeo sobre IA, el AI Act, ya no exige garantizar un nivel suficiente de dominio de la IA al personal de las empresas. Muchos lo ven como una exención, pero la obligación de formar subsiste bajo otra forma, y el riesgo que pretende evitar no ha desaparecido.
- La empresa ya no debe garantizar un nivel suficiente de dominio de la IA, pero debe fomentar la formación de su personal.
- No se exige ningún certificado, basta con un registro interno de las formaciones realizadas.
- Las autoridades nacionales de vigilancia controlan el cumplimiento desde el 2 de agosto de 2026.
- Los riesgos siguen vigentes, así que conviene formar a todo el equipo en sus usos reales.
El artículo 4 del AI Act, aplicable desde el 2 de febrero de 2025, pedía a las empresas que utilizan sistemas de IA que garantizaran a su personal, « en la medida de lo posible, un nivel suficiente de dominio de la IA ». Nadie sabía con precisión qué era un nivel suficiente, ni cómo demostrarlo. El reglamento europeo 2026/1744 del 8 de julio de 2026, publicado en el Diario Oficial de la Unión el 24 de julio, ha reformulado este artículo. Ahora se trata de « fomentar el desarrollo » de este dominio, y el texto especifica que no hay que garantizar ningún nivel concreto para cada persona. El legislador reconoce que la redacción anterior suponía una carga para las empresas, especialmente las más pequeñas.
Una obligación que cambia de forma
La Comisión Europea recuerda, en sus preguntas frecuentes sobre el dominio de la IA actualizadas el 20 de octubre de 2026, que la obligación sigue vigente tanto para los proveedores de sistemas de IA como para sus usuarios, sin un nivel impuesto. No se exige ningún certificado: basta con un registro interno de las formaciones y acciones realizadas. Las « otras personas » que utilizan la IA en nombre de la empresa pueden ser un proveedor o un subcontratista, y no solo empleados.
El control corresponde a las autoridades nacionales de vigilancia del mercado desde el 2 de agosto de 2026, y las sanciones deben seguir siendo proporcionales. Por tanto, una empresa que no ha hecho nada y no puede presentar ningún registro no está en mejor posición que antes. Ya no puede limitarse a invocar la ambigüedad del texto.
Un riesgo que no ha cambiado
El autor de este análisis considera que la conformidad no debe ser la principal razón para formar. Según el Insee (Insee Première n° 2120, julio de 2026), el 18 % de las empresas de 10 empleados o más declaraban utilizar al menos una tecnología de IA en 2025, frente al 10 % un año antes. Entre ellas, el 53 % cita la falta de experiencia como un freno, y el 43 % expresa preocupaciones sobre la protección de datos.
Un asistente de IA, es decir, un software que genera texto a partir de preguntas formuladas en lenguaje natural, responde con la misma seguridad, ya sea que diga algo correcto o que invente. La Comisión cita el ejemplo de empleados que lo utilizan para redactar o traducir y deben ser informados de los riesgos propios de este uso, como las alucinaciones, es decir, respuestas falsas presentadas como verdaderas. Quien ignora este riesgo copia el error; quien lo conoce lo verifica.
Los datos plantean un problema comparable. Según el autor, las dificultades rara vez provienen de la herramienta en sí, sino más bien de gestos inocuos: pegar un archivo de cliente en una cuenta personal, transmitir un documento con datos personales, o dar a un asistente acceso a una bandeja de entrada. Estos gestos suelen deberse más a una falta de conocimiento que a la mala fe.
Lo que podría cubrir una formación
La nueva redacción deja a cada empresa la tarea de adaptar la formación a sus usos reales. Para una pyme o un despacho, el autor señala cuatro temas, abordables de forma sencilla con todo el equipo. El primero trata sobre la naturaleza del asistente, que produce un texto plausible y no una verdad, y que puede equivocarse en una cifra, una fecha o una regla sin advertirlo.
El segundo consiste en establecer una lista breve de datos que no deben salir de la empresa: ninguna cuenta personal para datos profesionales, ninguna nómina ni documento con datos personales, ninguna IA conectada a una bandeja de entrada. El tercero se refiere a la verificación de las respuestas antes de su uso, ya que la respuesta compromete a quien la envía. El cuarto define las herramientas autorizadas, las cuentas y las tareas concernidas, porque el uso de una herramienta no validada suele reflejar la ausencia de reglas más que una falta individual. Por último, la Comisión admite que las necesidades varían: un directivo no tiene las mismas necesidades que un colaborador que utiliza la herramienta a diario. Un cuadro que indique quién ha sido formado, cuándo y sobre qué temas basta para llevar un registro.
