¿Quién paga a los agentes de inteligencia artificial en una empresa? En un análisis dedicado a la cuestión, su autor sostiene que la respuesta habitual, la dirección de sistemas de información (DSI), ya no basta. Aboga por una refacturación por uso, respaldada por una pasarela que trace cada llamada a los modelos.
En la mayoría de los grandes grupos, las herramientas de IA generativa son impulsadas por la DSI y luego refacturadas a las filiales y entidades según el número de usuarios. Este modelo, basado en el número de licencias, es el más extendido y sigue siendo lógico para los asistentes conversacionales. Para los agentes, el autor estima que ya no funciona.
Un asistente fácil de contabilizar
Un asistente corresponde a una licencia asignada a una persona. Se sabe quién lo utiliza y se refactura a su entidad, lo que simplifica el cálculo. A nivel contable, el modelo se sostiene.
Sin embargo, tiene un punto ciego. Según el autor, un asistente actúa como un multiplicador: refuerza a los empleados ya eficientes y aporta poco a quienes no lo eran. En un despliegue progresivo, las licencias van primero a quienes las solicitan, es decir, a los más avanzados, de modo que la brecha entre colaboradores se amplía sin que nadie lo haya decidido. El modelo por licencia no crea este sesgo, pero no permite verlo.
Los agentes no se vinculan a una persona
Un agente funciona de manera diferente. No consume una suscripción sino recursos por uso, como tokens (las unidades de texto procesadas por un modelo), llamadas API (las interfaces que permiten a los softwares solicitar un modelo) y tiempo de supervisión humana. Trabaja para una función específica, como la contabilidad de proveedores, la contratación o el soporte, y a menudo recurre a otros agentes.
El autor toma el ejemplo de un agente de procesamiento de facturas de proveedores. Este recibe un documento, solicita a un agente de extracción, luego a un agente de control de conformidad, antes de someter un resultado a un contable para su validación. ¿Quién es entonces el usuario? ¿El contable que valida, el proveedor que envió la factura o la dirección financiera que encargó el agente? Refacturar un sistema así por persona equivale, según él, a repartir la factura de la electricidad de un edificio por el número de habitantes en lugar de por el contador de cada apartamento.
La pasarela, herramienta de trazabilidad
Este contador existe en forma de una AI Gateway, una pasarela única por la que transitan todas las llamadas a los modelos y agentes. Cada llamada se traza: se sabe qué agente consumió qué y se puede remontar hasta la persona y la entidad que originó la solicitud.
Esta trazabilidad permite, según el autor, hacer recaer el coste de un agente en la función que consume su trabajo, con un responsable de negocio que responde de su rendimiento, en lugar de en una línea presupuestaria de TI. Añade que muchas empresas están construyendo actualmente este tipo de pasarela y que hay que fijar la regla de refacturación en esta etapa, so pena de que cada entidad defienda el modelo que le sea más favorable.
El autor matiza, no obstante, su argumento. Un agente no es un equivalente a tiempo completo, ya que absorbe tareas en lugar de un puesto entero. Por otra parte, según el Oliver Wyman Forum (The Reality Check, octubre de 2026), una hora de trabajo asistida por IA requiere en promedio 22 minutos de verificación, un tiempo que forma parte del coste real del agente sin aparecer en ninguna factura. Por último, algunas direcciones podrían preferir una línea de TI difusa, que no las exponga a defender el rendimiento de cada agente.





